LOS NUMEROS NO MIENTEN
Los aumentos en los precios de los productos que componen la canasta de alimentos continúan su racha ascendente, incrementando sustancialmente las ganancias de las empresas que ejercen posición dominante en el rubro debido a los contínuos ajustes que realizan a sus listas de precios.
Algunos economistas, voceros del establishment empresarial, sostienen que el actual proceso de alza de precios se debe a que la demanda supera a la oferta de productos, por lo que aconsejan “enfriar” la economía, y así frenar esa demanda para que la oferta, o sea la inversión, logren equilibrarse.
Las empresas de consumo masivo están aumentando sus precios con el objetivo de aumentar sus márgenes de ganancia y los consumidores, hasta ahora, convalidaron los ajustes de precios debido a los incrementos de salarios. De esta manera, pese al alza nominal de los ingresos, terminan comprando lo mismo o, a veces, menos productos que antes.
Así, estas compañías, todas líderes en sus respectivos mercados, están logrando desandar lo poco que se había avanzado en el objetivo de distribuir la riqueza. Fue férrea la oposición de los representantes de las corporaciones empresariales en las últimas reuniones del Consejo del Salario para que se llegue a un piso de $1500 para el sueldo mínimo de un trabajador.
Sin embargo, sus balances dejan en evidencia que se están apropiando de una porción cada vez mayor de la renta generada por la economía. El reglamento de
Según la mayoría de los pronósticos que se habían escuchado se esperaba que los números de las empresas reflejen el retroceso de la actividad económica como consecuencia del conflicto con el campo, del menor impulso en el consumo debido a la inflación y por la desaceleración de la construcción.
Pero las presentaciones de los balances han traído la sorpresa de que la mayoría, incluidas las alimentarias que supuestamente fueron las más afectadas por el conflicto agropecuario, han ganado más dinero que en igual período del año pasado.
Lo que sigue es un resumen de los balances de algunas de las más importantes empresas de consumo masivo del país:
Molinos Río de
Quickfood : con sus marcas Paty y Quickfood maneja el 60 por ciento del mercado de hamburguesas. Esta posición dominante le permite vender una caja de
Ledesma: con una producción de 330 mil toneladas anuales, la compañía jujeña es la líder histórica del mercado azucarero. Además de la venta directa de azúcar, provee a las industrias de lácteos, bebidas gaseosas, galletitas, chocolates, dulces, caramelos, etc.
Pese a que, a diferencia de los demás commodities, el azúcar bajó su precio en el mercado internacional, la ganancia del primer semestre ha sido de $ 94.243.000.
Nunca se discute acerca de cual debería ser una tasa de ganancia “normal” para las empresas. Hacerlo, serviría para esclarecer los conflictos salariales, y permitiría observar cuales serían las intenciones del empresariado en cuanto a inversión y desarrollo apuntando a un crecimiento de la economía más equitativo.
Un reciente informe del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda) aborda el tema de la evolución de las ganancias a partir de la devaluación, y hace mención en este sentido en que, “Mientras las variaciones salariales son sometidas a un puntilloso escrutinio, y son frecuentemente consideradas responsables de los más diversos males -entre los que se cuentan la inflación, el déficit público, la falta de competitividad y hasta el desempleo-, los cambios en las ganancias –por omisión- son casi siempre naturalizados. Más aún, cuando los empresarios y sus representantes –previsible y sensatamente- intentan proteger o buscan incluso incrementar su porción del pastel, consiguen siempre vestir sus reclamos con el manto del interés general. Tal es la asimetría de la teoría económica ortodoxa: mientras los aumentos de los salarios beneficiarían a un sector particular (los trabajadores), los incrementos de las ganancias, en contraste, traerían una prosperidad indiscriminada para el pueblo de la nación argentina.”
Nada más alejado de la realidad. Aquella teoría del derrame, por la cual todos los sectores de la población serían alcanzados por la bonanza si los de arriba nadaban en abundancia, nunca pudo observarse en la práctica. Y sí puede notarse cómo el deseo de seguir obteniendo sobreganancias sin realizar inversiones, lleva a que se aumenten los precios de los productos perjudicando a los sectores más postergados y de bajos ingresos.
