LAS DISCUSIONES QUE FALTAN

Hace pocos días
Pero más allá de la discusión sobre el aumento de los sueldos, que es la que acapara la mayor atención debido a que, mes a mes, se ve deteriorado el poder adquisitivo de la gente como consecuencia de un proceso inflacionario que no se detiene, no se ponen en debate las condiciones de trabajo en la que se encuentran muchos gremios que aún continúan bajo los convenios firmados en la década del 90, cuando estaba en su apogeo la “flexibilización laboral”.
El especialista Oscar Ermida Uriarte define a la flexibilización como “la eliminación, disminución, aflojamiento, o readaptación de la protección laboral clásica, con la finalidad –real o presunta- de aumentar la inversión, el empleo o la competitividad de la empresa.”
En un reciente trabajo preparado por el Observatorio de Derecho Social de la central obrera CTA, se establece que durante el período 2003-2007, y pese al notorio aumento de los convenios y acuerdos, “la variable casi excluyente de negociación han sido las condiciones salariales, sin que se avanzara en la mayor parte de las normas pactadas durante los años 1991-1999. Esto se explica por el hecho de que en el período analizado sólo se renovó poco menos del 19 por ciento de los convenios homologados en la ronda de los noventa”.
Extensión de la jornada de trabajo, polifuncionalidad o multifunción del trabajador y fraccionamiento de las vacaciones, son las cláusulas que aún se mantienen en momentos en que el desempleo ha bajado notoriamente, la economía sigue su curso de crecimiento sostenido y el contexto ha sufrido un cambio tal que no se sostiene la continuidad de tales normas en la letra chica de los convenios.
La puja por un mayor salario a cambio de mantener condiciones flexibles en los ámbitos de trabajo ha sido la trampa en que han caído la gran mayoría de los gremios que, ávidos de recuperar el salario real, han descuidado aspectos que inciden directamente en la vida del asalariado.
“La adaptación de la jornada de trabajo a las fluctuaciones de la demanda, (es decir, al interés productivo de la empresa), tiene un impacto directo no sólo sobre el tiempo en que el trabajador pone su fuerza de trabajo a disposición del empleador, sino también sobre la imprevisibilidad del goce del tiempo de ocio, afectando, en consecuencia, la calidad de vida de los trabajadores.”, señala el informe de
De los 545 convenios celebrados entre 2003 y 2007, al menos 259 incorporaron una o más cláusulas que flexibilizan el tiempo de trabajo por medio del establecimiento de turnos fijos o rotativos, la extención del horario, utilización del sistema de jornada promedio que se calcula en base a horas de trabajo o el otorgamiento de las vacaciones en partes. En cuanto a la regulación de la organización del trabajo, las cláusulas flexibilizadotas se presentan en al menos 278 negociaciones, donde se presenta, en la mayoría de los casos, la multifunción con pérdida de la especialidad y la modificación de las categorías profesionales, en algunos casos eliminando las categorías iniciales, y en otros, creando nuevas escalas ante requerimientos de la actividad.
Ante este panorama, pocas han sido las voces que se han escuchado pidiendo la modificación de estas condiciones de trabajo como si ellas no formaran parte de la negociación gremios-empresas. La incipiente reapertura de las paritarias puede ser una buena oportunidad para que se replantee una situación que se viene arrastrando desde los años más críticos de la historia reciente y que puede ser útil para ambos actores.
Los gremios pueden ganar más protagonismo y recuperar el prestigio que han perdido a lo largo de décadas de socabar la representatividad que ostentan, y las empresas, pueden estar ante la posibilidad de reconocer que el contexto es muy distinto a la década pasada y adaptar su relación patronal a los tiempos de crecimiento que corren.
