CONSUMO PLACER

La demanda de productos no cede pese a que los precios siguen aumentando en las góndolas. El consumo sigue creciendo y pareciera que no habrá inflación que lo detenga por el momento.
Después de cinco años de crecimiento continuado, en donde el PBI superó hace rato los niveles precrisis, el consumo no se detiene a medida que, paralelamente, disminuye la desocupación y se recuperan los salarios reales.
A la hora de analizar que está comprando la gente, se observa que lideran el ranking de la demanda los productos electrónicos y los artículos del hogar con un 64.2 por ciento, le siguen Indumentaria y Calzado con un 58 por ciento, Alimentos Preparados un 43 por ciento y el amplio rubro de productos de Almacén con un 44 por ciento.
Según especialistas, la evolución del consumo después de la crisis del
Esto explicaría el porqué de las altas ventas de celulares, televisores y computadoras, entre otros electrónicos, ya que los sectores que no habían podido adquirir esos productos, ahora lo han podido hacer apelando en muchos casos al crédito, al ver como aumentaban sus ingresos tras la firma de los distintos acuerdos salariales por parte de numerosos gremios. También se explica que el porcentaje de ventas de Alimentos sea alto, ya que los sectores bajos son los que tienen más propensión a consumir bienes alimentarios.
En cuanto a la calidad de lo que se consume, el constante aumento que se observa en los precios de las góndolas parecería que fuese una razón de peso para que las segundas marcas ganen posiciones, pero la realidad demuestra que sucede todo lo contrario.
Las ventas de productos de primeras marcas son las que predominan, desplazando a las segundas, y a las marcas propias que poseen las grandes cadenas de supermercados, que alcanzaron su época de gloria en los 90.
Los clientes prefieren elegir marcas reconocidas que le otorgan calidad y garantía en los productos. Según una estadística privada elaborada en los super, las primeras marcas han crecido en ventas cuatro veces más que el resto, pese a que existe una diferencia en precios que llega hasta el 10 por ciento.
Martín Hoyos, propietario de un autoservicio del macrocentro de Rosario, comenta que “en la época de la crisis, aparecieron incontables segundas marcas, totalmente desconocidas, que la gente llevaba porque no les alcanzaba la plata y tenía que seguir consumiendo. Una vez superado el momento más crítico, los clientes volvieron a comprar los productos a los que estaban acostumbrados, y la gran mayoría de las marcas secundarias han desaparecido. Sólo algunas pocas han logrado ganarse un lugarcito en las góndolas.”
Un dato interesante que surge de la radiografía del consumo actual de los hogares es que su reactivación fue más fuerte en el interior del país que en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Si tomamos a los datos de ventas a precios constantes, con un promedio de 37, 2 por ciento en la variación interanual, se observa a Tucumán con una suba de 66 por ciento, Salta con un 61 por ciento, Chubut con un 56 por ciento y Neuquén con un incremento del 51 por ciento. Santa Fe se encuentra por debajo del promedio con un 36.5 por ciento.
Roberto Lázaro, presidente de
Estas diferencias en la demanda puede resultar útil a la hora de interpretar el diferencial de inflación, pero principalmente es una muestra del efecto del cambio de modelo sobre la reactivación de las economías regionales.
Aunque según los datos oficiales, el consumo no se ha visto afectado por la inflación, lo cierto es que mes a mes, el salario va perdiendo capacidad de compra y el changuito cada vez junta menos productos.
La incógnita a futuro es en qué medida esta suba de precios frente al impulso de la demanda se convertirá o no en un freno para la continuidad de la recuperación del consumo popular iniciada.
