EL MERCADO EN POCAS MANOS

Muchos productos producidos por pocas empresas en muy pocas manos. Esa es, de la manera más simple que encontramos, la definición de producción en la economía argentina. A la hora de averiguar quién fabrica la mayoría de los artículos que se consumen en el país, encontramos un alto nivel de concentración en casi todos los rubros, llegando a establecerse monopolios u oligopolios, según la rama de actividad que se prefiera entrar en detalle.
Algunos economistas plantean que las grandes empresas son necesarias para el desarrollo de la economía globalizada, que el mundo está lleno de megacompañias, y que para competir en el exterior es necesario contar con una estructura que brinde el apoyo necesario para comerciar más allá de las fronteras.
Lo que no aclaran es que una alta concentración en rubros imprescindibles, (y por lo tanto, estratégicos), como lo son el aluminio, el plástico o el hierro, ocasiona una situación de posición dominante del mercado con consecuencias negativas que pueden repercutir en toda la economía, en caso de llevarse adelante prácticas abusivas en contra de la competencia o subas indiscriminadas de precios.
A modo de ejemplo podemos señalar que una sola empresa produce el 99 por ciento del total de chapas laminadas en frío, y el 84 por ciento de la laminada en caliente: Siderar. Con este material se producen vehículos, tractores, hojalata para envases, heladeras, lavarropas, etc. La producción de tolueno, producto petroquímico del cual deriva el plástico está en manos de sólo dos empresas (Petrobrás y Repsol-YPF) que acaparan el 100 por ciento. En el rubro cemento, uno de los pilares de la construcción, tres empresas concentran el 96 por ciento y en la producción de hierro, el otro pilar, cuatro empresas reúnen el 72 por ciento de ese mercado.
La concentración de empresas puede darse de distintas maneras. Puede ser que una gran empresa compre a competidoras menores, o puede darse que se realicen maniobras anticompetitivas para quedarse con la porción del mercado que pertenece al competidor. Así, suelen observarse prácticas desleales como restricción de mercaderías a clientes que compren también a competidores, amenazas de retiro de descuentos, precios diferenciales únicamente en las zonas en donde se encuentra establecido el competidor, etc.
Esta alta concentración no sólo repercute en el mundo de los negocios, el otro gran perjudicado es el consumidor que en este contexto de hiperconcentración queda a merced de decisiones de precios en muy pocas manos, que para conservar o aumentar sus márgenes de ganancias apelarán rápidamente a un aumento de precios antes que a aumentar la inversión y producir más, siguiendo la tesis de que “es mejor vender una unidad a 100 pesos que cien unidades a 1 peso”.
Las razones que llevaron a la actual situación de inflación son, a decir de todos los especialistas consultados, múltiples y complejas. Pero en una economía de competencia, las empresas cuidarían de aumentar sus precios para evitar perder ventas y porciones de mercado. En una economía concentrada como la nuestra, contar con mayor concentración otorga mayor capacidad para aumentar precios sin temor de perder al consumidor ya que este se encuentra cautivo y no cuenta con opciones para elegir.
Según datos acercados por
El aceite de maíz subió un 210 por ciento en el mismo período, y sólo dos empresas, Molinos Río de
Un caso similar se produce con la yerba mate, la cual lleva acumulado un 128 por ciento de aumento en sus precios, y en donde Las Marías controla el 75 por ciento del mercado.
Desde el Gobierno se asegura que la inflación se debe a la falta de inversión por parte de los empresarios y que esto ocasiona que, ante un consumo que se encuentra en expansión debido al crecimiento económico, la falta de incremento de capacidad productiva hace que prefieran aumentar los precios antes que gastar en producir más.
Lo que queda en claro es que nuestra economía, y en especial, el sector de los alimentos, está en muy pocas manos que cuentan con el poder suficiente como para decidir cuánto cuesta una canasta básica y que no dejan alternativas de elección a la hora de hacer las compras.
Será un desafío para el nuevo Gobierno encarar esta situación, utilizando herramientas legales como la muy poco usada Ley de Defensa de
