FIEBRE AMARILLA

Si el domingo pasado le regaló algún juguete a su hijo en el Día del Niño, quizás no haya advertido que en algún rinconcito de la caja o del juguete se encuentra grabada la frase Made in China, y no sabrá que su regalo forma parte del 60 por ciento de artículos importados que componen la oferta lúdica local.
O a lo mejor, no advirtió todavía que el dueño del autoservicio que está a la vuelta de su casa es ese señor que habla poco o que cuando lo hace casi no se le entiende, y que como usted ya sospecha, es de nacionalidad china.
Así, un país tan distante y extraño a nuestra cultura, se encuentra instalado en nuestra economía doméstica desde hace unos cuantos años, y este fenómeno lejos de desaparecer, posee “tasas chinas” de crecimiento.
Según datos del Indec, que aquí sí se mantiene confiable, las importaciones desde ese país subieron un 54 por ciento en la primera mitad del año, alcanzando los 2040 millones de dólares.
Si en su casa arrojaron por estos días algún volante de publicidad, habrá podido observar que los productos con la banderita roja abarcaban un amplio abanico que iba desde robots, Barbies y autitos hasta alcanzar a las cámaras digitales, dvds e instrumentos musicales.
Esta presencia masiva de productos de fabricación china que ha penetrado el mercado local en forma tan notoria ha despertado el interés del Ministerio de Economía que “monitoreará la evolución de las importaciones de China en aquellos sectores mano de obra intensivos o más sensibles”, según se pudo escuchar de boca del mismísimo ministro.
Es que es tanta la diferencia entre lo que se importa y lo que se exporta al país asiático, no sólo en cantidad sinó también en calidad. Mientras que la Argentina sigue siendo una gran exportadora de materias primas, manufacturas de origen agropecuario y petróleo, todos con escaso valor agregado, desde el otro lado del mundo aumenta la entrada de motocicletas, computadoras y artículos electrónicos, entre otros productos de alto valor agregado. Esto hace prever que en la balanza comercial el saldo del país será en rojo con un déficit que los especialistas calculan en 800 millones de dólares, y que ha sido motivo de advertencias y protestas por parte de industriales nacionales.
Otros que también han sabido hacer oír sus reclamos han sido los dueños de supermercados y autoservicios locales que advierten sobre prácticas comerciales poco claras por parte de sus colegas asiáticos.
Los inmigrantes chinos y taiwaneses marcaron, a partir de los años 90, su fuerte presencia en la venta minorista de alimentos. Actualmente los mercados chinos ocupan el 30 por ciento de las bocas de venta locales y están esparcidos por todos los barrios de la ciudad. Son blanco de críticas, tales como que evaden impuestos, que explotan a sus empleados o que los tienen trabajando en negro, o que la limpieza estaría ausente en sus locales.
Dejando en claro que estas condiciones de trabajo pueden encontrarse en cualquier local, ya sea de capitales argentinos como extranjero, lo cierto es que los supermercados chinos se afianzaron con una política de precios bajos y ese es el punto que los diferenció de sus competidores y el que más peso tiene a la hora de escuchar a sus críticos.
Los chinos se defienden diciendo que nadie puede dejar de pagar IVA en productos de primera línea y que la gran ventaja de estos mercados es que ellos trabajan mucho y venden a precios más baratos porque manejan porcentaje de ganancias menores.
Esto último develaría dos aspectos a considerar. Por un lado, explicaría la diferencia de precios entre las góndolas de las cadenas de supermercados y los comercios chinos. Y, como consecuencia directa, pondría en evidencia los abultados márgenes de comercialización que manejan los súper a la hora de remarcar sus productos, alimentando así a la espiral inflacionaria, y apoderándose de una mayor porción de los ingresos de la población de escasos recursos que gasta, principalmente, en alimentación.
Convertida en la cuarta economía del mundo, con un crecimiento del PBI que supera el 10 por ciento anual desde el 2000, China se ha insertado en la economía mundial de una manera tan extraordinaria como silenciosa.
Tan es así, que la mayoría de los rosarinos so sabemos que ese país está más cerca nuestro de lo que el planisferio nos muestra.
