EL MISTERIO DEL CRECIMIENTO

La ciencia económica ha dado respuesta a muchos interrogantes pero no las ha encontrado para todos. Esta debería haber sido ya una enseñanza aprendida con las experiencias traumáticas de las últimas décadas, pero, lamentablemente, no lo ha sido.
Una de las mayores virtudes de un interesante documento de Daniel Chudnovsky (excelente economista que falleció hace pocos meses) y Diego Ubfal, La competitividad y las políticas para impulsarla (Boletín Informativo Techint Nº 321, septiembre-diciembre 2006), es que en las conclusiones reconocen que, luego de investigar los más relevantes y actuales textos, autores y literatura sobre la materia, “hemos notado que desde un enfoque agregado las causas del crecimiento económico siguen siendo, en esencia, un misterio”.
Esa provocativa sentencia descoloca a la mayoría de los economistas, en especial a los mediáticos, que se dedican a recomendar recetas de imitación de experiencias exitosas de crecimiento como si fueran la panacea.
Ese dúo de investigadores destacan, obviamente, los consensos de que los marcos macroeconómicos inestables son perjudiciales para el crecimiento, que la tecnología, el uso y la acumulación de factores son aspectos relevantes y que el marco institucional es uno, si no el más importante, de los determinantes fundamentales del crecimiento.
Sin embargo, esos expertos del Centro de Estudios para la Transformación (Cenit), definen que “ninguno de estos factores permiten delinear recomendaciones de política específica para fomentar la productividad e impulsar al mismo tiempo el crecimiento y la competitividad”.
Puede ser, entonces, que para los economistas de la city el actual crecimiento de Argentina sea un misterio, precisamente, porque sus patrones no son los que están ejerciendo la hegemonía política del presente proceso. El misterio del crecimiento argentino de los últimos años y las perspectivas para los próximos reside en que tiene sus propios lineamientos, que no necesariamente sirven para otros países.
Alfredo Zaiat
